“Nunca seas el más borracho de la fiesta”
No estoy segura de si puede considerarse esta máxima como transcendental e inapelable, pero, de alguna manera, ha provocado que me planteara por unos minutos la posible verdad que conlleva y el por qué de la misma.
Veamos… Por qué se supone que no es “conveniente” ser el más borracho de la fiesta? Se me ocurren algunas razones simples:
1- Porque no podrás reírte de o con el más borracho, ya que eres tú mismo
2- Porque, o los anfitriones te miran mal por saquear sus existencias despiadadamente, o bien te habrás gastado un pastón en copas
3- Porque no podrás ofrecerte a acompañar a "algún" alguien a su casa, ya que serás tú el que necesitarás que te arrastren a la tuya
4- Porque en el caso de no recordar nada de lo dicho y hecho, tendrás que creerte la versión que se avenga a contarte el resto de asistentes
Quinta y siguientes… más por el estilo…
Al margen de estas razones -y por supuesto, sin salirnos del contexto “fiesta”-, tal vez subyazca alguna otra razón de carácter más pseudopsicológico, tipo el “yo” frente a los “otros”, el reflejo del ego en una realidad concreta y esas milongas de manual. Lo cierto es que la máxima apesta a control social y al manido respeto a las formas, al sentido del ridículo y a la importancia de no traspasar las fronteras de lo políticamente “correcto”. A tener en cuenta que, si bien es cierto que el borracho descontrolado y gárrulo lo es en estado ebrio y habitualmente también en estado sobrio, el borracho con clase mantiene el estilo –por no decir el tipo- en situaciones extremas. En última instancia, - se me ocurre también pensar -, lo de emborracharse en una fiesta no hay por qué sacarlo de madre, es una opción personal, la de ser el más borracho de la fiesta. Por qué hemos de sentir pena, lástima, compasión o similar si no es porque aprovechamos la ocasión para erigirnos en guardianes de la ética y hasta de lo moral? Cuántas veces no nos hemos percatado de las miradas de conmiseración dirigidas a aquel o aquella que despuntaban de forma etílica en una reunión? Y esta lectura tal vez sí sea la más relevante a extraer, es precisamente la que nos cuenta cómo nos aprovechamos de la supuesta debilidad manifiesta de los demás para ensalzar a través de su vergüenza nuestra propia imagen. Y esto es lo que asquea.
Por otra parte, “Nunca seas el más borracho de la fiesta” no nos dice que no debamos beber, no nos alerta de los peligros del alcohol, sino que, dando por hecho que hay más etílicos a tu alrededor, solo te aconseja que no seas tú el más borracho de todos. Por eso la máxima es fastidiosa. En realidad no se posiciona claramente. No condena el acto de emborracharse, sino que parece implicar que, ante todo, lo que importa es que no hagas demasiado el ridículo, que no concentres todas las miradas sobre tu persona por eso del “qué dirán”.
Pensándolo bien, tal vez no he entendido nada. Después de cavilar "intensamente" un rato llego a la conclusión de que estoy más confusa que al principio.
Os lo cuento por si se os ocurre algo interesante que clarifique mis – cada vez más numerosas- dudas existenciales, provocadas, gran parte de ellas, por estos pretenciosos aforismos con los que tan habitualmente nos topamos en los medios.
Salud!
Un paso..dos..y uno más.
Las palabras están delante.
Azul arriba y azul abajo.
No me ves pero yo te veo.
Sentados en las tierras altas
nos cogemos de la mano
y reímos.
fragmento de "Memorias de un hada"
Querido pueblo. No acabo de entender estas críticas que me aturden desde todos los medios, precisamente ahora, cuando tan frágil me encuentro en una cama cualquiera de hospital público. Creo entender que me acusáis de irresponsable por esta breve y necesaria escapada, que me decidí a disfrutar a pesar del esfuerzo que en realidad me suponía. Me recordáis que yo apelé, en algún momento, a la necesaria responsabilidad colectiva de la ciudadanía. Y sigo sosteniéndolo. En estos duros y arduos tiempos que estamos todos sufriendo, hemos de ajustar nuestro gasto. Pero es que, queridos míos, yo estaba muy estresado y tenéis que entenderme. Qué mejor para desconectar y recargar pilas que irme en pos de la caza de algún espécimen? Y lo hice sólo por vosotros. No debéis olvidar nunca cuánto me preocupa vuestro bienestar, casi tanto como el de mi propia y numerosa familia. Y además, me lo he pagado todo con el suelto que llevaba en los bolsillos, ya sabéis..de esas horitas extras. Por otro lado, todos tenemos derecho a algún secretillo, no? Si no me hubiera excedido en mis cosas, ni os hubiérais enterado, o sea, que..por qué no corremos un tupido velo, como siempre hemos hecho? Un besito, no desesperéis, este finde hay fútbol, que más queréis? No me obliguéis a tener que repetiros esa lección que a estas alturas tan bien deberíais conocer…
..QUE YO SIGO SIENDO EL REY…
Me gustan los edificios decadentes en su poso de historia. Esos precisamente que me hacen soñar con escenas surrealistas de otra época.
Me gustan las arrugas que denotan emociones vividas. Que me cuentan una historia que no es la tuya ni lo será.
Me gustan esos zapatos viejos que me hacen sentir tan cómoda. Que me desafían a desafiar a los zapatos de tacón.
Me gusta el olor a libro viejo. Pegar mi nariz a él y oler sus palabras.
Me gusta el tacto del árbol centenario. Que me hace creer en algo permanente.
Me gusta una canción que hace muchos años que me gusta. Porque hace muchos años que me gusta.
No me gustan los edicios nuevos e impersonales. No me gustan los rostros sin marca de vida. No me gusta la ropa que todo el mundo lleva. No me gusta perder las palabras con sentido frente a las vacuas y maquilladas. No me gustan las rosas en maceta y no me gusta el ritmo sin ritmo.
Me gusta saber lo que me gusta. No me gusta no saber lo que no me gusta. Y sé que sé que me gusta saber que el paso del tiempo me gusta.
Puede mutilarse el pensamiento?
Es difícil no caer en los dictámenes de la moda en el vestir, quien más quien menos, sea con mucho, poco, o súper poco presupuesto, rebusca entre las prendas que considera más favorecedoras y cae en el juego de los colores, las combinaciones, los tejidos y los diseños.
Parece ser que el sentido de la estética - o gusto por la belleza - es, en cierta manera, intrínseco al ser humano. Pero dónde estriba la linea que marca la diferencia entre el placer por lo bello y el puro consumismo? Hasta qué punto decidimos nosotros o "nos deciden" los demás?
Una nueva tendencia de pensamiento, que empieza a estar muy en auge, es la que se basa en el "rechazo al envoltorio" y se centra en el contenido. Aplicado al individuo, diríamos que se trata específicamente de no fijarse exclusivamente en la forma de vestir, sino en intentar ir más allá y valorar los actos de cada persona, que son los que en realidad lo dicen todo de ella. O sea, no me importa la marca de tu ropa, sino tu sello personal. Tan sencillo como aprender a fijarse en lo que somos realmente, y no en lo que parecemos ser. Y no se trata de rechazar la estética de plano, sino, tal vez, y como mucho, de dotarla de un destello de originalidad y personalidad, de dar un giro hacia un estilo propio -sea el que sea- más allá de los alardes de precios y marcas.
En última instancia, parece ser que empezamos a darnos cuenta de que tú y yo no somos el dinero que llevamos encima, tú y yo somos lo que demostramos que somos con nuestros actos.
Me parece muy bien. Así se haga extensiva esta forma de pensamiento.
Alienados y alineados a ambos lados de la carretera. Mantas que cubren sin tapar su desnudez. Color de barro. Barro que cubre y asfixia. Restos obscenos asoman en un alarde de la vida que fue hasta el instante último. Riada de agua, poderosa, implacable y orgullosa de arrasar lo que una vez fue suyo. 87 muertos. 183 heridos.
7 de agosto de 1996 18´15 h.
Estás Tú. Sueño bruscamente abortado. Sueño del que no despertarás.
Estáis Vosotros. Partida de cartas con trampa. Esta vez no ganaréis. Sin saberlo, sois ya los perdedores.
Estoy yo. Refugiado en el café de la tarde. Ignorante de todo disfruto desde la seguridad de encontrarme al otro lado de una tormenta estival. Qué ingenuo soy, llego a recrearme en pensamientos filosóficos sobre la belleza de la Naturaleza. Cuánto odio ahora su poder y su capacidad de burlarse cruelmente de la vida.
Las preguntas me asfixian. Qué hubiera pasado si? Los remordimientos me corrompen. Por qué no insistí en que fuéramos a?
Os dejo sin saber que ese adiós no es un hasta luego, sino un hasta siempre.
Intento recordar los detalles y siento cómo mi estómago se retuerce, igual que si todo hubiera ocurrido ayer y no hace 15 años.
Barro que lo cubre todo. Esa es la imagen que una y otra vez me atormenta. Recorro desesperadamente la hilera de muertos, buscándoos. Levanto cada una de las mantas, ajeno a los muertos que no son mis muertos, ajeno a un dolor que no sea mi propio dolor.
Gritos. Llantos. Barro. Policía y ambulancias. Barro. Cuerpos que corren. Cuerpos que no se pueden mover. Barro. Miedo. Histeria. Barro. Un brazo de muñeca. Una rueda de bicicleta. Barro. Coches atrapados en el barro. Barro. Vidas enterradas en el barro. Sólo barro.
Hoy sé lo que mi mente no quería saber en aquellas horas, que el agua, sencillamente, se había apoderado de nuevo de la tierra y de todo aquello que osó cruzarse en su camino. Pero durante aquellas horas de bruma, mientras el caos se negaba a dejar de ser caos, yo seguía recorriendo la carretera, a cuyos lados los muertos se ordenaban esperando ser identificados.
No tengo clara conciencia de cómo logré salir del escenario y volver tras los bastidores. Supongo que alguno de los profesionales de emergencias, de los especializados en tragedias y dramas, junto a su colección de sedantes, decidió por mí y me recolocó en otro plano. Tal vez siguió estrictamente el protocolo, no lo dudo, pero mi irritación aún persiste, porque socavó mi mente provocando un vacío que me ha impedido recordar, con la exactitud que yo desearía, cada hora y cada minuto transcurrido desde el instante en el que fui sacado del barro hasta el instante en el que mi familia desapareció tras la lápida de mármol. Busco en mis recuerdos una y otra vez, busco averiguar cómo fue el final, su final, mi final, pero no hay nada. Ese maldito barro. Y me siento culpable por no haber estado allí, antes y después.
Barro. Hileras de muertos a ambos lados de la carretera. Yo entre ellos. Aúllo de dolor y no encuentro la vida que he perdido.
Más allá del 7 de agosto de 1996
Nada. Absolutamente. La nada.
Volver a nuestra casa. Volver de las deseadas vacaciones, rebosantes de recuerdos en imágenes y videos. Risas compartidas en la música del alma. El ánimo casi predispuesto a la rutina de la normalidad. Volver a empezar el día a día. Juntos.
Volver solo, llorando en el ascensor, llorando al abrir la puerta, llorando al entrar en casa y llorando al tirarme desesperado encima de la cama de ellos, luego en la nuestra. Después, silencio.
En realidad, hoy sé que no volví. Me quedé allí, con vosotros.
No vacié los armarios. No tiré la ropa. No me quise desprender ni de tí ni de ellos, por si acaso volvíais de vacaciones.
Tranquilizantes, ansiolíticos, antidepresivos. Me lo he tomado todo. Me he convertido en un experto en los efectos secundarios de ciertas particulares y aleatorias mezclas entre inhibidores de la recaptación de la serotonina, la norepinifrina, la dopamina y la monoaminooxidasa.
Citas concertadas con clones de profesionales de la tragedia humana. Inestimable ayuda para reorganizar mi mundo externo. Aliento para conseguir levantarme cada mañana. Volver a trabajar. Emplear mi raciocinio para decidir la cotidianeidad.
Mientras tanto, espero.
He aprendido a fingir que estoy bien, que he olvidado. Que absurdos sois todos. Cómo puede alguien siquiera imaginar que se pueda olvidar? Yo no quiero olvidar, quiero vivir la vida que no vivo. Y necesito revivir, una y otra vez, mis últimas decisiones para desviar, en mi imaginación y en mi realidad, el curso del río. Vivo en ellos. Por qué el mundo no lo entiende?
Sólo espero el momento en el que consiga acallar el temor a que yo me vaya y ellos vuelvan.
Entre días mezclados con noches, eso que algunos llaman vida, continúa. Aunque yo sé que todo es mentira, que la vida no es sino una ilusión que se desvanece en ese único y exacto segundo. Mi cuerpo respira, y no entiendo muy bien cómo. Mi mente parece flotar constantemente en un estado de ingravidez. Me siento estafado y nadie consigue explicarme el por qué de mi existencia. Es injusto que siga despertándome día tras día.
No me miro en los espejos. No soporto ver el paso del tiempo en mi rostro y, sin embargo, no ver el paso del tiempo en el vuestro. Me duele no sentir vuestro olor. Me desespera el recuerdo difuminado de vuestra imagen. Me aterra pensar que no podré acariciaros nunca más. Me mata cada segundo que no puedo compartir con vosotros.
7 de agosto de 2011
15 minutos ó 15 horas ó 15 meses ó 15 años. Qué más da?
Una riada de 500 metros cúbicos de agua cargada de 13.000 toneladas de roca y madera.
Arrasó la vida que encontró a su paso. Arrasó la vida de este pobre idiota refugiado en su café de la tarde. Cobarde en la espera y cobarde para dejar de esperar.
Barro que impregna mi piel y me asquea.
Respiro. Muero. Respiro. Muero. Respiro. Muero. Respiro. Muero. Respiro. Muero.
Ya no puedo más. Sencillamente, ya no puedo más.
Sé lo que tengo que hacer. Lo que debería haber hecho hace muchísimas lágrimas.
Hoy es un buen día, de hecho, un día cualquiera, para borrar de una vez ese barro que todo lo cubre.
Voy a recuperar mi vida en la muerte. Yo también cubierto de agua - Me permitiréis esa extravagancia simbólica - Compartir con vosotros el último estertor. Quizás así consiga que me perdonéis y podamos, tal vez podamos, volver a irnos de vacaciones. Como si el barro nunca hubiera sido.
Los días se deslizan.
De verdad se "deslizan"?
Seamos sinceros, en realidad se escapan, o mejor dicho, huyen velozmente. Y antes de que pueda atraparlos, ya no son. Y me quedo con una sensación desconcertante, esa que te hace pensar que la vida es algo que no sabes muy bien dónde se está desarrollando. Tal vez en algún momento que nunca es ahora, sino mañana, o lo que es peor, ayer.
Llegados a este punto urge corregir el hilo de los pensamientos. Recurro a manidos recursos, aunque no por ello menos eficaces. Y entonces me obligo a pensar. Pienso en la belleza infinita de la naturaleza. Pienso en alguna preciosa sonrisa. Pienso en unas cuantas palabras reconfortantes. Pienso también en la gente que quiero y pienso en la gente que me quiere. Pienso en lo afortunada que soy por tener un pasado, un presente y sobre todo, por poder confiar en un mañana. Pienso que puedo pensar y pienso que mis pensamientos pueden ser positivos o negativos. Pienso que puedo pensar lo que quiera, y pienso que puedo elegir mis pensamientos. Pienso que quiero pensar que la vida merece la pena. Y entonces decido hacerlo.
El tiempo ha retrocedido y me ha sorprendido absorta de nuevo en mis juegos de infancia. Recupero la muñeca perdida y descubro el placer de vestirla y desvestirla con trajes que son, a estas alturas, de anticuario. Juro que no recordaba cómo se jugaba a muñecas, y me sorprendo a mi misma - unas décadas más tarde - combinando zapatitos, medias, vestidos y gorros. Intento visualizarme años ha, porque doy por supuesto que estos trajes tan usados lo son por ser fruto de mis largas horas de juegos. Desisto en el intento, mi memoria está demasiado oxidada, y decido entonces volver a recrear y a recrearme en el puro y simple - además de denostado - acto de jugar con mi muñeca preferida.
En contra de mis principios llego a la conclusión de que jugar con esta muñeca única - única por ser precisamente la mía -, es un placer absoluto. Y aunque lo haya descubierto tarde (qué le voy a hacer, si es que en el fondo yo había sido siempre de indios y vaqueros) me prometo a mi misma repetir la experiencia y seguir jugando cada vez que me de la gana.
Y ahora sí...
Feliz Año Nuevo....
El primer cocinero elige una receta maravillosa y luego compra los ingredientes para reproducirla paso a paso. El resultado es espectacular. El segundo cocinero abre la nevera y a partir de lo que en ella encuentra es capaz de ofrecernos una deliciosa comida improvisada.
No sé si puede decirse que uno es mejor cocinero que otro, pero creo que existe un componente de flexibilidad y capacidad de improvisación en nuestro segundo cocinero que decanta la balanza a su favor. En realidad hace gala de una cualidad muy preciada, la imaginación. Y cuando posees este maravilloso don, cualquier situación puede ser resuelta. Por eso es necesario ejercitar nuestra imaginación y, evidentemente, derrocharla a nuestro alrededor, en lo que sea que hagamos.
Y me refiero realmente a una gorda y preciosa gallina blanca. Una increible gallina, blanca como la niebla, de plumas suaves y volátiles. Bella como una de esas gallinas de cuento, sólo que esto no era precisamente un cuento.
Me quedé fascinada observándola.
No me atreví a tocarla, entre otras cosas porque su cuerpo sin cabeza, desmadejado enmedio de una acera urbana, era lo suficientemente chocante como para mirar a mi alrededor esperando casi ver a mi lado..qué? Alguien haciendo vudú en una esquina? Alguien asomado a una ventana reclamando el ingrediente base de su caldo?
Busqué inconscientemente la cabeza de la gallina, y no la ví. Y continué mi camino, pensando, eso sí, en gallinas de cuento, que no de pesadilla.
Que no estamos para más historias macabras.
A veces pienso que conceptos como "igualdad", "solidaridad" ó "justicia" están absolutamente desfasados, casi tanto como el de conciencia de clase. Dónde quedaron la rebeldía y el poder de la acción? El ombliguismo se ha extendido, y con él ha desaparecido cualquier resquicio de esperanza en una auténtica democracia, en esa democracia que sólo puede surgir desde el pensamiento consciente y no mediatizado.
Réquiem por la izquierda.
Ya sabemos que el tiempo es relativo, pero no caigamos en el error de no darle el absoluto valor que posee.
Sólo 5 minutos. Cuántas cosas pueden ocurrir en cinco minutos?
Por cinco minutos..
pierdes el avión y te quedas sin vacaciones
no te han pillado en el control de alcoholemia
te has librado del diluvio
En cinco minutos...
el bebé pasa de estar dentro a estar fuera
un orgasmo te hace creer en el infinito
has leido el final de la mejor novela
Está claro que tenemos tiempo, por supuesto, pero creo que no está de más aprovecharlo, ya no al minuto, sino al exacto segundo.
Desconocemos la vida privada de los que nos rodean, y a veces esto se hace más evidente al tropezarnos con extraños fragmentos de historias inconclusas.
Los altavoces del metro escupían la descripción de un hombre. Pelo blanco, gafas, chaqueta verde, camisa blanca de rayas y pantalón negro. Con un niño de cinco años. La voz oculta rogaba a los viajeros urbanos ponerse en contacto con el personal de la estación en caso de verlos. Curioso y un punto inquietante.
Cuál era la historia? Por qué esa urgencia? Situación en absoluto común en los andenes. Pero probablemente no sabré nunca qué ha ocurrido y cómo ha acabado la historia.
La Historia de todo. El pasado de la Humanidad. El conocimiento por el conocimiento. Saber.
No puedo ni imaginarme cuántos millones de mentes han focalizado su capacidad en investigar el “pasado”, ni cuánto tiempo dedicado, ni cuántos recursos públicos y privados. En última instancia, parece que la justificación a todo ello radica en el muy loable objetivo de conseguir, a través de ese conocimiento del pasado – en cualquiera de sus vertientes- una mejor proyección de la especie humana en el “presente”. Resumo: de lo que se trataría es de aprender de la experiencia que nos precede, no es así? Y si no se trata de saber por saber, ni de mera curiosidad, entonces de lo que se trata es, precisamente, de un aprendizaje efectivo para no volver a repetir los mismos errores de los que culpamos a culturas y sociedades anteriores. Parece muy simple. Según esto, hoy, si como hoy tomamos el presente, deberíamos estar situados en la cúspide de la evolución. Se me ocurre reflexionar, desde una perspectiva mundial, en las realidades políticas, económicas, filosóficas, religiosas, medioambientales y sociales del siglo XXl Me vais a permitir que me ría a carcajadas. De verdad alguien será capaz de creerse que hemos aprendido algo del estudio de la evolución de la humanidad? Analizando la situación mundial sincera y objetivamente, alguien será capaz de defender que estamos en el mejor momento de la humanidad? Lo siento, no comparto ese credo, y desde luego, si éste es el momento más evolucionado, tiemblo al pensar en lo que puede llegar a convertirse mañana.
No será que el estudio del “futuro” desde una perspectiva “científica” ha demostrado no ser posible, que el estudio del presente es arriesgado que sea demasiado analizado, no vaya a ser que alguien despierte, y, por contra, estudiar el pasado y entretenerse con interpretaciones que sólo discutirán algunos pseudocientíficos es distraído y además, mueve dinero?
No sé.
Está lloviendo. Gris y marrón a mi alrededor. Magia en el aire. Me fascina ver llover, y pienso en cuán relativo es este sentimiento. Probablemente la mayoría de turistas que en este exacto momento se refugian en sus hoteles, en los cafés o en un simple portal, están desilusionados, embargados por una sensación de pérdida de tiempo. Me resulta curiosa la diferencia. En julio y agosto, cuando yo desespero con el excesivo calor, la humedad, el agobio del sol que ataca... ellos parecen felices, o, por lo menos, los observas incansables a esas horas en las que nadie, excepto ellos, se atreven a salir a la calle por simple gusto. Si yo fuera turista en mi ciudad, no escogería venir en los meses de verano, sino ahora, en días como hoy, en los que bien protegido de la lluvia - si no te gusta mojarte - puedes disfrutar de un paisaje urbano absolutamente diferente. Pasear plácidamente por la playa es un lujo, oler el aire fresco, escuchar la lluvia cayendo suavemente, vagabundear por el Call y tomarte un café en una terraza...pueden convertirse en una experiencia mucho más intensa que cualquiera de las que una guía te pueda recomendar. Sin agobios, empujones, prisas, sudores, calor..
Con un poco de imaginación puedes sentir que la ciudad, hoy, y sólo hoy, es toda tuya.
Pero todo es relativo...
Ya sabemos que somos responsables de nuestras palabras y de nuestros actos, pero también lo somos de nuestros sentimientos.
No sirve argüir ese horrible y falso "soy así". No sirve dejarse llevar por sentimientos aniquiladores tipo rabiaodiocólera ó apatíaindiferenciadesánimo -obvio citar aquí algunos más que se me ocurren -
Y tú me preguntarás, cómo evitarlo si es eso exactamente lo que siento?
Y ahí radica la cuestión. Somos responsables de nosotros mismos, y esto incluye hacernos conscientes de los sentimientos por los que no deseamos ser poseídos, y, lo que es más importante, aprender a combatirlos. Que sería más fácil que todo fuera más fácil y haber alcanzado desde el principio la perfección -aunque no tengamos muy claro en que consiste ésta-? Tal vez, pero no te engañes, sólo somos seres humanos, y requerimos de un arduo aprendizaje para casi todo en esta vida.
Ese exacto momento en el que un sentimiento erróneo -y con erróneo me refiero a dañino- se apodera de tí, no es sino una absoluta pérdida de tiempo y energía.
La paradoja consiste en tener muy claro que deseamos sentirnos bien y, en cambio, dejarnos arrastrar por sensaciones que nos hacen sentir mal.
Si has llegado a plantearte ésto hemos avanzado bastante. La siguiente etapa requerirá ya de una parte práctica, que no de simple teoría.
..continuaré
si te interesa...
Detengo el mundo un segundo y me autoregalo la vida.
Abro los ojos.
Nada ha cambiado
excepto yo.
Sonrío y sigo caminando,
es mi secreto.
Aunque no lo creas,
el mundo es mío
..que sí...créeme...
Oda al rincón que enamora. Estés donde estés. Vagabundear te transporta allá donde desees. La imaginación es maravillosa. Barcelona también.
De mayor quiero ser como ese señor que el otro día conocí en el Metro. 102 añitos llevados con elegancia y serenidad. De rostro arrugado, profundos ojos azules y voz amable y lúcida. Me explicó, en los pocos minutos que compartimos, alguna de sus anécdotas de vida -en respuesta a mi curiosidad descarada- Juro que me dejó fascinada. Heridas de guerra -literales- y amores inconclusos entre paisajes hoy inexistentes. Recuerdos de una época para mí desconocida y un punto fascinante.
Con cierto aire de resignación me comentó que ya empezaba a notar el paso de los años, traducido ésto en un ligero dolor en sus rodillas. No pude menos que echarme a reir:
- A mí también me molestan a veces mis rodillas y tengo como sesenta y pico años menos que usted.
Un encanto de señor. Lo dicho.
Felicidades, Sr. José
Erase una vez un personaje niño que no entendía de normas sociales absurdas. Jugaba a creer que el mundo era un lugar fantástico en el que reinaban la comprensión y el respeto, la libertad y el amor.
Nuestro personaje niño crecía y, contra toda lógica, no perdía sus ilusiones.
La bruja mala, temerosa y envidiosa, le lanzó un maleficio de racionalismo capitalista y la mitad de uno de convencionalismo occidental.
Nuestro personaje niño sobrevivió, como era de esperar en cualquier cuento.
Aprendió que la felicidad se consigue con el consumo. Creyó que los malos siempre son los otros. Se convenció de que sólo había una forma correcta de pensamiento, la suya. Y rechazó cualquier residuo de comprensión, respeto, libertad y amor.
Murió sin averiguar que había sido presa del fatal encantamiento. Y cuando en el último sueño dejó este mundo, abandonado ya su cuerpo y liberado por fín del hechizo, la Verdad le golpeó.
Ahora, en este exacto momento, espera pacientemente su oportunidad de regresar y luchar contra la bruja mala que aún reina en la tierra.
Una con los años aprende a detectar cuándo el índice de saturación amenaza con salirse de la marca. Demasiadas llamadas telefónicas, demasiadas relaciones a las que prestar atención, demasiadas obligaciones inaplazables, demasiada escasez de tiempo para permitirse el lujo de no hacer nada. Y entonces, maravilloso!! La oportunidad de estar realmente sola dos dias. Sólo dos días. El primero se desliza entre pequeñas trivialidades que habían quedado relegadas in eternum a la lista de cosas pendientes. Satisfacción profunda al tachar cada una de esas insignificantes tareas por fin cumplidas. Inexistente la necesidad de comunicarme con nadie que no fuera yo misma. El segundo dia, una vez la lista mermada sustancialmente, encuentro tiempo para mimarme a mi misma. Qué placer! Las horas se deslizan tranquilamente, tanto, pero tanto, que mi mente empieza a funcionar por su cuenta y desliza descaradamente en mi interior nuevos planes futuros, planes que incluyen llamadas telefónicas, relaciones a las que prestar atención, obligaciones inaplazables y, en resumen, de nuevo esa maldita y divertida escasez de tiempo para permitirse el lujo de no hacer nada. Me voy a dormir, contenta por haber resitido dos largos dias de inactividad profunda y porque la mañana siguiente me devolverá, de una patada, a la realidad.
Pero eso sí, no dudéis de que reivindico firmemente dos días de soledad..de vez en cuando.
Son pocos, muy pocos, los que de verdad nos conocen y nos quieren y aceptan sin condiciones. Y como a todo lo precioso en esta vida, hay que cuidarlos y mimarlos. Por eso, desde aquí, os doy las gracias a todos. Por seguir estando conmigo a pesar de lo malísima que soy. Gracias por hacerme saber que cuento con vosotros. Gracias, sencillamente, por ser y estar a mi lado.
Si no se nos pide un consejo...hemos de imponerlo igualmente?
Si no hemos pedido un consejo...hemos de aguantarlo igualmente?
Las buenas intenciones pueden ser recíprocas, no lo discuto; pero es tenue esa frontera entre un consejo bienintencionado y la pura intromisión.
Un consejo: pensemos un poco qué necesita el otro antes de imponer nuestro criterio..
Vendedores de flores pululando por las terrazas ó incluso dentro de algunos locales. Se ganan así la vida, ofreciéndoles a los clientes esas flores -casi siempre rosas- para que el hombre se las regale a la mujer como símbolo de.. no sé exactamente qué, amor, amistad, ó ambas cosas tal vez. No importa. Mi reflexión es simple. He observado que sólo se acercan a las mesas en las que hay parejas heterosexuales, nunca a las mesas en las que hay sólo hombres o sólo mujeres. Y me planteo, si el hecho de regalar una flor se toma como símbolo de amor, amistad, o lo que sea, presupongo que esto no ha de ser exclusivo entre hombres y mujeres. Digo yo que si estoy en una terraza con mi hermana, madre, amiga ó pareja, me puede apetecer regalarles una flor -o no-, pero no se acercarán a mi si no hay hombres en mi mesa. Y en ese caso, tampoco me la ofrecerán a mí, sino a él. Curioso, no? (Por no decir retrógrado)
Menos mal que lo mío no va de rosas..
Cuando el dia nos da la patada...
Don't Worry. Be Happy
Si todo, pero todo, va mal, o incluso, peor que mal...
Don't Worry. Be Happy
Cuando parece que no puedes caer más abajo...
Don't Worry. Be Happy
Si te atrapan la angustia, el miedo, la duda, el desconcierto...
Don't Worry. Be Happy
Porque, sabes?
Lo bueno es que estás, que eres, y, sabes? Aunque el dia haya salido nublado, el sol está detrás de la niebla, en el mismo punto en el que estaba ayer y en el mismo punto en el que estará mañana (grado más o menos)
Por eso...
Don't Worry. Be Happy
Y si caes en la tentación de olvidarlo, vuelve a escuchar el mensaje. Pase lo que pase..
Don't Worry. Be Happy
Cojo el teléfono y marco. Mi interlocutor descuelga, y sorprendido me dice que he tenido telepatía, me cuenta que estaba pensando en mi y a punto de marcar mi número.
Y qué es, en realidad, eso que llamamos "telepatía"? Según la R.A.E "...Coincidencia de pensamientos o sensaciones entre personas generalmente distantes entre sí, sin el concurso de los sentidos, y que induce a pensar en la existencia de una comunicación de índole desconocida.."
Cuántas veces nos ocurren fenómenos por el estilo? En mi caso, muchas. Casualidad? Tal vez; pero, y si realmente nuestro cerebro fuera capaz de desarrollarse más allá de lo que tendemos a llamar "conocimiento racional"? No sería bueno conocer nuestro potencial real?
Podría resultar interesante dejar de lado los prejuicios culturales y atreverse a contemplar la posibilidad de ser dueños de una inteligencia más allá de los cánones oficialmente aceptados. Relativizar verdades absolutas, ponerlo todo en tela de juicio, y aprehender poco a poco nuestra propia verdad, no esa que tan mediatizada nos llega.
El lenguaje es la habilidad por excelencia del ser humano, es lo que permite una comunicación fluida, es, de hecho, el rasgo evolutivo que más nos diferencia del resto de animales. Pero a veces, por muy convencidos que estemos de ser expertos en su manejo, el lenguaje se convierte en una herramienta inútil, estorba y dificulta la comunicación. En esas ocasiones creo que es necesario saber ahorrar palabras. Cuando no sabemos cómo expresar lo que sentimos, es mejor olvidar las largas disertaciones; una mirada puede ser suficiente, un abrazo y un beso pueden transmitirlo todo. Entonces el silencio se hace cómplice, y el lenguaje pasa a ser innecesario.
A veces un "lo siento", un "te quiero", un "estoy contigo"...pueden llenar todo un diccionario de significados
Hoy pensaba yo en esa capacidad que tenemos de darlo todo por supuesto. A qué me refiero? Me explico rápidamente. Nos rodeamos de una cotidianeidad, más o menos placentera, en la que los hechos se suceden de tal manera que no concebimos que en algún momento todo puede cambiar.
Flagrante ejemplo Mi madre nos ha deleitado durante toda su vida con una maravillosa "coca" (ó bizcocho, si preferís llamarla así); por iniciativa propia y porque se la hemos pedido en infinidad de ocasiones, léase cumpleaños, reuniones familiares, eventos varios y por que sí, porque nos apetecía que nos la volviera a preparar una y otra vez.
Aunque sospechas que las cosas no son "para siempre", lo cierto es que, mientras duran, nadie se acuerda de nada más. Mi madre ha estado enferma varios meses, y su estado de salud, obviamente, no le ha permitido pensar en placeres culinarios. Afortunadamente vuelve a estar bien, y, justamente ayer, fue ella misma la que sugirió volver a preparar la coca de su especialidad. Tal vez os parezca un hecho insignificante, pero no podéis imaginaros lo feliz que me sentí. Por esta vez hemos pactado un aplazamiento, y la vida vuelve a darnos la oportunidad de seguir disfrutando y aprendiendo. De manera tácita nos pusimos de acuerdo. Ella dispuesta a enseñarme su receta, yo dispuesta a anotar hasta el último detalle.
La coca que he desayunado esta mañana, hecha entre las dos, no era un dulce cualquiera, era todo un símbolo de vida. Mi madre me ha pasado el testigo. Aunque ella siga cocinando su coca cuando le apetezca, ella sabe, y yo sé, que en mis manos está ahora la continuidad de la tradición.
Gracias
Si este fuera tu último minuto y la última pregunta que te hicieran fuera "cuál ha sido la mejor experiencia de tu vida?", qué contestarías?
Increible el poder evocador, embriagador y absorbente que tiene la Música. Al margen de la sensibilidad musical que todos -repito, todos- poseemos y del placer consecuente que ésta provoca en los sentidos, me sigue sorprendiendo cómo algunas melodías se quedan indefectiblemente asociadas en nuestro cerebro a sucesos ó emociones determinadas, de tal manera que, -si somos un poco listos-, no será necesario caer en la desesperación si observamos que nuestro humor es negro muy negro. Bastará, la mayor parte de las veces, con recordar esas canciones o melodías que nos alegran el alma para, escuchándolas de nuevo, sentir cómo nuestro ánimo se relaja y, finalmente, sucumbe al poder regenerador de la música. Insistid, seguid escuchando vuestras únicas y personales melodías (no entro a discutir sobre gustos musicales) Tal vez con un truquito así de simple consigáis mejorar ese feo estado de ánimo.
Cuidado! El efecto puede ser idéntico en el caso contrario. Un ritmo o melodía con connotaciones negativas para nosotros puede estropearnos el ánimo. Y no es cuestión de sucumbir a la melancolía y a la tristeza así como así, no?
Hoy me he levantado de buen humor. Recién salida de la cama, todavía dormida, balbuceante, espesa hasta límites insospechados...pero contenta, pensaba yo que jamás entenderé de qué depende exactamente que haya días -maravillosos ellos- en los que siento que alguna neurona en mi interior está funcionando a pleno rendimiento; complejo mundo el de las endorfinas. Pero en vistas de que hoy es de esos días, en los que sin ningún motivo especial me siento viva, especial y contenta..., he decidido que habrá que aprovecharlo. Es un regalito despertarse contenta y poder ahorrarse ya de buena mañana el esfuerzo que supone enfrentarse a un día de rutina, ahorrarse el esfuerzo que supone intentar, de manera consciente, transformar la realidad que nos envuelve, aburrida y previsible, en un día mágico, lleno de sorpresas y de detalles sobre los que reflexionar. O sea, que, visto que hoy me ahorro ese esfuerzo, voy a echarme a la calle, lista para imbuirme de aprendizaje y experiencias.
Avida de emociones dejo de escribir y me voy.
Ya os contaré.
Cuántas veces hemos tenido grandes ideas que no hemos llevado a la práctica? Pienso que es terrible que seamos capaces de imaginar escenarios diferentes, más plenos, enriquecedores,productivos, o lo que sea que los hagan mejores que el escenario actual, y que, por argumentos tales como "no Sabré" no Podré", "que Difícil", " no es Viable", o cualquier otra arenga por el estilo, se quedan almacenados en nuestro depósito de semillas por germinar, olvidados para siempre. Qué lástima que esa pereza maldita nos atrape y nos incapacite para actuar y luchar por el que sea que sea nuestro sueño de algo -lo que sea- mejor que esto que tenemos a nuestro alrededor.
Una vez asentada en mi cerebro la convicción del mapa azul resultante del 22M me planteo si sólo sentirme asustada o directamente buscar refugio permanente entre los acampados en las plazas.
Os juro que no lo entiendo. Puedo asumir el aumento significativo del voto nulo, de la abstención, del voto en blanco.. pero la desbandada de la izquierda a la derecha me resulta incomprensible. Entre jubilados atemorizados, parados sin prestación, estudiantes sin futuro en este país, enfermos aplazados, hipotecados hasta las cejas etc etc y más etc, todos juntitos sufriendo tijeretazos y bamboleos en los precios de pimientos y tomates, no me cabe sino preguntarme de dónde salen estos votos izquierdistas ahora atrapados por la derecha.
Os juro que no lo entiendo. Si un gobierno que alguna vez dijo ser socialista ha adoptado políticas que no satisfacen por escaparse al centro-derecha, no sería más lógico mantener una cierta conciencia de clase y desplazarse, como ciudadano coherente, más hacia la izquierda?
Ni siquiera entro a discutir la solidaridad que debería existir entre individuos, so pena de que me tilden de ingenua en estos tiempos que corren, pero lo siento, amigos, si pensáis -vosotros, mayoría de la clase que no es la élite (aunque os pese)- que una derecha va a luchar por vuestros intereses...vais a sentiros defraudados. De todos modos, tendréis cuatro añitos para comprobarlo en vuestras carnes. Os deseo suerte. Por mi parte me doy por...
Me despierto cabreada con ese artefacto redondo y molesto que es el despertador. El café hoy no sabe a café y la leche se desborda en el microondas. No hay sitio en el Metro y mi cuerpo se hace receptor de codazos y empujones. En el curro se acumulan controversias e inconveniencias. Empieza a dolerme la cabeza, no he salido a desayunar.
Por favor! Necesito respirar!
Resisto estoicamente la tentación de contar las horas que faltan para taparme la cabeza con la almohada.
Por favor! Necesito respirar!
Y entre alimañas y tinieblas me tropiezo con una preciosa y sincera sonrisa. Qué curioso mecanismo ése que nos funciona por ahí dentro, no sé exactamente dónde, que agita y modifica nuestras percepciones. Respondo a la oportuna sonrisa desconocida y sé que, aunque mañana volverá a sonar el despertador, el café no se avenga con la leche, y continúen los problemas sin solución aparente...hay sonrisas que llegan al alma y reconfortan. Tal vez el día aún tenga solución.
Sonríe, por favor! Que no se diga de tu generosidad....
Somos más perfectos de lo que imaginamos y estamos muy pero que muy desaprovechados. Os cuento.
Ayer volvía yo de la compra, en un intrincado equilibrio entre bolsas colgando en las manos y en los hombros, dispuesta a no soltarlas hasta llegar a mi casa. El primer obstáculo serio, la puerta de la escalera, lo salvé empujándo con mi cadera (bravo por ella!) La segunda prueba peligrosa fue conseguir abrir la puerta del ascensor, mi dedo meñique se encargó de ello (pequeño pero matón) Y..sorpresa! Cómo pulsar el botón de mi piso? No os lo imagináis? Pues con la nariz. Y sin ningún problema.
Confieso que después me reia yo sola, todo por no dejar las bolsas en el suelo, pero es que de verdad que me había costado lo mío encajarlas a lo largo y ancho de mi cuerpo.
Conclusión: sin duda tenemos recursos suficientes para la vida moderna
Consejo: démosle su oportunidad a cadera, meñique y nariz, se lo merecen.
"Benvenuti al sud". No es una gran película, pero además de distraerte y hacerte reir un poco, ayuda a comprender lo absurdo de estereotipos y tópicos cotidianos. Cuando aplicamos prejuicios inconscientes y nos dejamos llevar por ellos, perdemos la ocasión de enriquecernos culturalmente, perdemos la posibilidad de disfrutar de otras costumbres y maneras de entender la vida. Rechazamos la oportunidad de aprender y nos volvemos aún más idiotas.
A propósito del ejercicio físico, estaba yo pensando ,-y sin discutir en absoluto los sensibles beneficios- que es curioso que se le de tanta importancia al cuidado del cuerpo y tan poca al de la mente. Se nos dan todas las facilidades para practicar cualquier tipo de deporte, desde petanca hasta spinning. Se nos proporciona información exhaustiva destinada a concienciarnos sobre la necesidad del cuidado -que no culto- al cuerpo. Pero qué ocurre con la mente? Qué ocurre con nuestra capacidad de razonar y reflexionar sobre los aspectos de aquí y de allá si no se ejercita ésta?
Abocados al exterminio de neuronas, y ante la amenaza de ver atrofiada nuestra materia gris...reivindiquemos el saludable ejercicio de analizar, cuestionar, abrir la mente -en definitiva- a todo aquello que suponga mantenernos en forma desde dentro. Entonces atributos como "sanos,ágiles y jóvenes" cobran para mí pleno sentido.
Machacada por el panegírico que los medios dedican al practicante abnegado del ejercicio físico, me atormenta y arrepiente mi falta de veneración en el día a día. Las salidas al aire libre se convierten en mí en un simple paseo en el que ese sonido que me recuerda a un trino de pájaro, el reflejo del sol entre árboles, un cierto olor a tierra -mojada o no-, y así otro sinfín de parecidos estímulos irrelevantes, me desvían del propósito inicial de sudar y sudar y sudar en largas, largas, pero largas caminatas, de esas con ardua pendiente por delante. Se me olvida todo y, sencillamente, disfruto de esa preciada soledad y comunicación con la Natura. Y, qué queréis que os diga? En la urbe no encuentro tiempo para el deporte . No me dan las horas para más. Admiro profundamente el esfuerzo de todos aquellos que le roban tiempo a la vida para ir un par de horas al gimnasio. Me queda el consuelo de que a lo mejor de mayor aprendo a ser como ellos. Mientras tanto así vivo, sumida en mis reflexiones.
Por si no estáis en la realidad mundial. Cinco son los países emergentes. Las iniciales forman un neologismo: BRICS. Los identificáis? Seguro que sí.
A veces siento curiosidad por el futuro, cómo será este mundo sólo dentro de 50 años? Y de 100?
Estamos contribuyendo a mejorar el mundo, o, por el contrario, nos lo estamos cargando, qué opináis?
Ayer tuve dos interesantes momentos de reflexión.
Desde el Paseo Marítimo, a una hora temprana, contemplaba a un solitario grupo de adolescentes jugando con las olas. Risas, chillidos provocados por el agua helada. Estuve un ratito observándolos atentamente, hasta que, de repente, me vi a mi misma hace unos cuantos años -no muchos, ya sabéis- haciendo exactamente lo mismo, robándole al día unas horas de placer, sin importarme el color gris del cielo ni el agua helada, apurando una mañana cualquiera de abril. Sentí un poco de nostalgia, de envidia sana, y confieso que hasta me dieron ganas de acercarme y unirme a ellos, sólo por el placer de dejarme llevar por su instante de locura vital.
Por la tarde, cuando salí de trabajar, decidí dar un paseo antes de irme para casa. Me detuve a escuchar a un fantástico trío de cubanos tocando boleros. Un gusto. En un banquito había sentadas unas señoras, mayores ellas, escuchando embelesadas, y cuál no fue mi sorpresa cuando, de repente, se levanta renqueante una de ellas, deja el bolso y la muleta a los pies de uno de los músicos y, dándole la mano a otra de las señoras, la invita graciosamente a bailar. Sin complejos, sin limitaciones, sin sentido del ridículo. Bailaron ajenas a todo, dejándose llevar por el placer de la música.
Me pareció precioso.
La energía y la alegría de los adolescentes, que por la mañana disfrutaban en la orilla de la playa, habían saltado a través de décadas generacionales y permanecían intactas en estas señoras que, sencillamente demostraban saber vivir y saber aprovechar el exacto momento.
No importa que los años pasen si somos capaces de conservar intactas la ilusión y las ganas de disfrutar lo que sea que la vida nos regale. Cada día es el regalo.
1: Pasa algo bueno que te hace sonreir
2: Pasa algo horrible que te hace sentir fatal
Las cosas pasan, continuamente, no nos engañemos. Algunas buenas y algunas malas, y nuestro estado de ánimo tiende a fluctuar según lo que percibimos. Os habéis planteado que el verdadero misterio, esfuerzo y logro está en aprender a controlar nuestro propio estado de ánimo al margen de esos estímulos externos?
Síiii. Lo sé... La teoría es maravillosa, la práctica muy difícil de aplicar. Pero, en serio, os habéis planteado si somos capaces de mantenernos bien aunque el mundo se hunda? Por qué ante los mismos hechos hay personas que se deprimen y otras se fortalecen? Tal vez puede aprenderse a modificar nuestra manera de tomarnos la vida?
Mi respuesta: un SÍ rotundo
Dentro de unos días Semana Santa. Mientras algunos todavía siguen buscando viajes chollo de última hora, de esos para desconectar a bajo precio, y se tiran de los pelos porque no pueden apurar la vida en cuatro días, las preocupaciones son diferentes para otros muchos.
Os dejo unas cuantas frases de las "oídas por casualidad" estos días.
-¿Quien pasará conmigo dos días en el pasillo de Urgencias del Hospital si tengo que volver allí? (Una señora muy viejita)
-¿Cómo vamos a pagar todos los gastos de casa y comida cuando a mí se me acabe el paro? (Señor mediana edad)
-Tengo 30 años, voy a tener que vivir una década más con mis padres? (Chico joven todavía)
-Me he quedado viuda hace muy poco. No puedo vivir con 4oo euros al mes, tendría que morirme yo también (Señora mayor)
Tengo en el saco bastantes perlas más, pero las dejo para otro momento
Le estoy dando vueltas a esto de haberme convertido en bloguera, y confieso que tengo tentaciones de darme de baja, "por si acaso". Por si acaso, qué? No sé, es extraño. Y entonces me paro a pensar en lo difícil que es aprender a vencer el miedo a lo desconocido. Queremos subir una escalera. El primer peldaño se nos aparece como una montaña. Y sabéis qué? Cuando te armas de valor, te mentalizas, decides asumir ese riesgo infinito y afrontar las consecuencias inevitables...te lanzas a escalar el primer peldaño. Hop! Ahí estamos. Eso era todo? Pues sí. Así de fácil. Años anhelando subir la dichosa escalera, años rechazando hacerlo por miedo, y, cuando te decides y lo haces, la recompensa es ser consciente de lo sencillo que era.
Pues sigamos, a por el segundo, no?
Es curioso pensar en desnudar la mente, abierta la posibilidad de testigos interactivos que opinen. Y por qué no? He reflexionado a solas conmigo misma durante años, de hecho desde que era una cría, he emborranado no sé cuántos diarios, he saturado la mente de montones de amigos, y ahora le toca a la red..
Sólo pretendo pensar en voz alta, y confío -sinceramente- en que estéis totalmente en desacuerdo conmigo, así podremos discutir, rebatir, intercambiar y pensar en nuevos o viejos planteamientos que es, en el fondo, de lo que se trata. Simplemente aprender a usar alguna de esas neuronas dormidas que tenemos.